¿Jóvenes, identidades, categorías, estigmas, estilos, representaciones, consumos? ¿O antropología de las distinciones?

Laura: Tu proyecto está orientado a entender el surgimiento de nuevas formas de lo que se pude llamar como identidades juveniles. Se trata, dices, de una categoría que tiene una historia, es producto de una construcción social, asociada a los arreglos sociales de la posguerra, y a las diversas reacciones a ella expresadas en términos de identidad (me parece que fue justamente en el momento en el que surgió el tema de la identidad en los estudios) y de estigma. La pregunta es cómo ha ocurrido esto en Chiapas: ¿cómo se produce la categoría de jóvenes y sus múltiples adaptaciones, recepciones y reacciones o resistencias? ¿Entiendo bien? En ese sentido, y pensando en la posibilidad de ir más allá de los estudios de la llamada identidad (un término que ha sido utilizado –superficialmente creo- para aproximarse a algo que yo propondría debería ser entendido como nuevas formas de distinción social –en términos de Bourdieu- y que va más allá de las ideas de la emergencia de una especie de resistencia casi natural de los jóvenes) te propongo poner en consideración la crítica misma de las formas en que se ha aproximado la antropología al tema. Para ello te expreso los siguientes comentarios.

¿Joven es una construcción social? ¿Qué queremos decir con construcción social? En torno a esta noción me parece que hay mucho que discutir, pues al parecer existen diversos sentidos o quizá diversas dimensiones de la construcción (y de la posibilidad de construir). Por ejemplo, en un sentido, y en una dimensión, la  construcción social se refiere a hechos colectivos, sociales y resultado de largos procesos de colaboración. Es decir sería como una construcción sociohistórica de largo plazo, como lo son los hechos sociales de los que habla Durkheim. Él mismo habla de categorías o representaciones colectivas compartidas (como las de persona, tiempo, espacio) que rebasan las generaciones y los individuos (los encontramos ya construidos) y son, precisamente, producto de cooperación histórica (revisar la introducción del libro Las formas elementales de la vida religiosa). Podrías ver también el texto de Mary Douglas, Pureza y peligro, y analizar su propuesta de la presencia de formas básicas de clasificación y de categorías que permiten dar un relativo orden al mundo (aunque hay siempre áreas de incertidumbre y ambigüedad). Esas categorías son constructos humanos, pero no se construyen en situaciones de encuentro inmediato o en situaciones específicas (les preceden).
En cambio, se habla también de otra forma de entender (en otra dimensión) la construcción social, que se refiere a la situación misma de interacción, a la construcción del mundo social en el contacto y la representación pública. Se trata de esos fenómenos que analiza el interaccionismo y que habla de la producción de lo social en la confrontación y la alteridad. Se habla incluso de hechos que son efímeros, procesuales, situacionales. Por ejemplo, está el trabajo de Michael Herzfeld: The Poetics of Manhood, en donde habla de poética social como ese despliegue de habilidad dramática para representar la masculinidad de manera diferenciada entre los hombres. O está también el trabajo de Goffman al que me referiré más adelante.
Sería interesante discutir conceptual y metodológicamente esta distinción, que me parece está presente en Alfred Schütz, cuando habla de realidad social y mundo de vida (ver: La construcción significativa del mundo social), o en Goffman cuando habla de la representación de la persona (usando una metáfora teatral) y los marcos de la interacción y la representación (ver: La presentación de la persona en la vida cotidiana). Además, como complemento, está el trabajo en el que define el estigma (Estigma)

¿Joven es una identidad o una categoría identitaria? Se trata de la identidad de las personas o se trata de personas que internalizan de manera consciente o inconsciente, de manera pragmática, estratégica o irreflexiva, una serie de prácticas que les permiten adscribirse o reconocerse de cierto modo en un contexto específico. Es decir, ¿se trata de identidades como atributos personales o se trata de categorías relacionales? Esta distinción es interesante porque, me parece, implica dos caminos diametralmente distintos: uno va hacia una forma de esencialismo (propio de otras formas de estudios de la identidad, como en el caso de la etnicidad, o del género); en cambio, la otra perspectiva se dirige, me parece que de manera más adecuada, a la producción social de los marcos de la interacción, las categorías de la interacción y los procesos interactivos de manipulación de las representaciones.  Es decir, es más significativo en términos de lo que tú has invocado en tu texto: la construcción social en el sentido de la construcción histórica de categorías, clasificaciones y distinciones y la construcción social en el sentido de la manipulación de distinciones en la interacción. (Por eso mi propuesta de cambiar el enfoque de la antropología de las identidades a la de las distinciones, pero es sólo una propuesta).
Es decir: ¿Es la identidad de alguien o son las formas de representación y de auto-representación de los otros y nosotros en la interacción? ¿Es un problema de identidad o de representación pública? En el segundo caso se podría recurrir a perspectivas como la de Goffman, que pregunta en qué teatro estamos, qué guión representamos y cómo lo hacemos frente y para el público.

¿Es sólo una categoría identitaria, una representación pública, o se trata de muchas, diversas, e incluso contrapuestas, en conflicto? Sería interesante considerar que hay una competencia en la formulación de lo que es representar, actuar o ser joven. En esta disputa participa la mercadotecnia de las empresas que fomentan el consumo de bienes de distinción, los medios en los que se apoyan, los programas públicos diversos y contradictorios en sí mismos, las iglesias, las escuelas, los médicos, etc. Y cómo los que se sienten implicados en esta definición como objeto mismo de la disputa asumen estos términos y los actúan, los aceptan cuales son o los reelaboran llegando, en algunos casos, a formas de aparente rebelión (¿no suelen ser simplemente formas no convencionales de consumo?) Tal vez lo que surge no es una identidad, sino un campo o arena de disputas entre todos para definir lo que es ser joven; y lo que surge no es una sino muchas maneras de ser joven, muchas formas de valorar lo joven (incluyendo la intervención de los estudios de identidad juvenil que hacen algunos antropólogos) o muchas formas de estigmatización de lo joven. ¿No te parece más adecuado hacer antropología de la disputa en torno a lo joven?
En general, ¿no sería mejor hablar de joven como el centro de una arena de disputa producto de una prolongada construcción histórica social (económica, religiosa, cultural –en el sentido de medios y arte- y política también), y también una representación disputada en la dimensión de la interacción cotidiana, que implica y da origen a diversas categorías identitarias?
Finalmente: ¿Ser joven no es un aspecto solamente de las formas actuales de consumo, de distinción y de prestigio? Te recomiendo además leer a Zygmunt Bauman: Modernidad líquida, para empezar la discusión sobre la modernidad, por aquello de que la modernidad y la juventud parecen aparecer en una relación muy estrecha.
Saludos

José Luis Escalona Victoria

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