¿Inutilidad de la categoría de cultura? o ¿una tradición distinta de la noción de cultura? Comentarios para Luis, Guadalupe Solís, Felipe, Jania, Josué y Jorge

1.      Estimado Luis:
Tu ensayo es un interesante, breve pero amplio, recorrido por diversas formas de conceptualizar la cultura. El análisis establece con claridad las particularidades de la definición en el contraste entre autores y épocas, identificando con certeza algunos de los puntos críticos que separan esas diversas formas de definir el término: ¿Lo propio de los grupos civilizados o una condición universal aunque ordenada en distintos fases o niveles? ¿La condición específica de cada sociedad, su historia y su forma de entender y aprehender el mundo? ¿Un sistema o entramado coherente, con núcleos o centros críticos y relativamente permanentes? ¿La dimensión simbólica o significativa del mundo social, que produce ese mundo social? ¿Una dimensión interdependiente de las relaciones de poder? Interesante también la manera en que propones una reformulación de la noción de cultura, cuestionando y al mismo tiempo haciendo consciente la idea de la cultura como objeto y como categoría de clasificación y jerarquización de sociedades y personas (como recursos discursivo para la dominación/emancipación); pero también superando dicotomías e integrando al análisis el movimiento, el cambio. Para ello propones entender la cultura como un espacio de tensiones.
 
¿Se trata de la misma cultura de la que hablamos como recurso discursivo y como categoría analítica? ¿No es más bien una distinción clave la que estás proponiendo, entre cultura/objeto/recurso que se produce en las relaciones de poder y cultura como espacio de tensiones -que permite justamente entender esa otra noción de cultura como un recursos discusivo, y no como una “descripción” fidedigna y totalizadora de los sentidos, o como un texto que logra revelar el sentido de las cosas par un grupo específico? Es decir, siguiendo tu mismo argumento, encuentro un salto crítico entre dos nociones de cultura: una más cercana a la objetivante idea de cultura como sistema u orden de significación, y otra más enfocada en el proceso de producción de las significaciones en tensión (que incluye a esas etnografías que pretenden hacer una descripción profunda). ¿No es el mismo ejemplo que manejas, de la evangelización que se fundamenta en la idea de la “cultura” como un hecho, el que muestra la utilidad de distinguir esa noción de cultura cosificada con la perspectiva del investigador que la entiende como un artificio discursivo producido en la disputa por las almas?

2.      Estimada Lupita Solís:
Interesante ensayo que busca relacionar un caso de problemas de gestión y apropiación del agua en una aldea (en n contexto de políticas públicas, degradación ambiental y disputas por el uso del recurso) y el análisis de la cultura sugerido por Thompson y después insertado en los debates antropológicos por Roseberry: vincular los procesos culturales con las relaciones de poder. Afirmas así que: “Las sociedades no son mosaicos de diferentes culturas o etnicidades con bordes específicos, ni sistemas coherentes y lógicos, sino conexiones entre diferentes grupos de poder.” La cultura es entonces un espacio simbólico de contestación, confrontación, múltiple e inestable; y establece una relación de mutua determinación con la historia (entendida como historia social material). Por ello, el concepto que propone Roseberry es el de campo social. Se añade la idea de la sociedad como conexiones múltiples, retomada de Wolf. Este marco es el que se propone utilizar en el análisis de conflicto por el agua. Las cuestiones que planteo aquí remiten a ciertos aspectos del análisis de Roseberry que podrían resultar problemáticos en la argumentación y en el análisis empírico (o que por lo menos podrían dar para seguir el diálogo).
Un primer problema es el que qué se entiende por cultura. De alguna forma el ensayo evita caer en la definición al respecto, pero deja implícito cierto significado implícito de la noción de cultura en la crítica que hace Roseberry a Geertz: lo simbólico. Un asunto que deriva de aquí es si esa es la única manera de definir la cultura o es la dominante en la antropología (como afirma Kuper en el libro llamado Cultura). Es decir, ¿incluso Roseberry acepta de algún modo esa definición? Una exploración más detallada podría conducirnos a otras fuentes interesantes: Thompson (que me sospecho no es el Thnompson que tú citas sino el historiador británico autor de The Making of the English Working Class) y Raymond Williams. Se trata de una tradición muy distinta de estudios de historia, sociedad y “cultura” que contrasta fuertemente con la simbólica-intepretativa pero que no dominó en la antropología cultural sino en la historia marxista. Te recomendaría leer Marxism and Literature de Williams, en donde propone la idea de cultura como proceso “material”. Tiene incluso un libro llamado sociología de la cultura. ¿es posible redefinir la noción de cultura para superar lo que Williams llama la perspectiva mentalista? Menciono a estos autores porque son fuentes fundamentales de las reflexiones del propio Raymond Williams. ¿Puede ayudar en algo a tu proyecto y tu marco conceptual el revisar esta otra tradición de la definición de cultura?
Una de las ideas que también surgieron de esta tradición es la de la cultura como proceso abierto. El propio Raymond Williams retoma algunas ideas de Gramsci, quien propone en algunas de sus notas sobre el sentido común y el folclor que la cultura no es sistemática ni homogénea. Revisa el texto propuesto para la clase. La cuestión es saber si una idea así de cultura tiene alguna utilidad en el análisis del manejo del agua en la perspectiva que señalas.
Y finalmente, también está el problema de la imposibilidad de analizar culturas como unidades unitarias y, por lo tanto, la forma de hacer etnografía. Me parece que tienes elementos sustanciales para iniciar una definición de lo que sería la etnografía sobre el conflicto en torno al agua, pero habría que profundizar en algunas definiciones (teórica y empíricamente). Por un lado, la idea de lo local debe ser repensada en los términos que tú misma propones, lo que incluye saber si el campo de poder se puede analizar desde un solo punto del mismo o requiere de una observación dentro de diversos puntos del mismo. También la relevancia que puedan tener las formas en que las personas involucradas usan, valoran o interpretan los entornos y los recursos como el agua. ¿O eso no será significativo en el análisis del campo de poder y de la formación de los actores y las acciones que se producen en él? ¿Y si es así, qué alternativas habría para analizar estas que no sea la lógica de la definición simbólica/interpretativa de la cultura?
3.      Estimado Felipe:
Interesante ensayo sobre otra tradición de la idea de cultura, proveniente más bien del marxismo de Raymond Williams, que recupera una perspectiva histórico material de la cultura. La idea de que aquellas cosas que aparecen como ya construidas o finalizadas tienen en realidad una historia, son producto de sujetos bajo condiciones sociales e históricas específicas, es la base de una forma distinta de análisis de la cultura, que implica además en la crítica del mismo concepto de cultura. Interesante también el puente hacia una imagen o sentido distinto del mundo, a partir de la compresión del espacio y el tiempo en el sentido en que lo analiza Harvey, y sus consecuencias en la reordenación de las relaciones globales y la aparición de nuevas identidades (más como resultado de las conexiones y no como precedentes a ellas). Eso mismo ocurre a la “región”, tal como lo plantea Zárate, o el “lugar”, de acuerdo con el planteamiento de Gupta y Ferguson. Finalmente, llamas a una antropología atenta más que al lugar y la cultura, a la disputa por el lugar que es al mismo tiempo un entramado de conexiones y procesos y un escenario de luchas por su definición y su apropiación.
Me parece una manera adecuada de llevar la discusión sobre cultura al plano de tus intereses de investigación. Me llama la atención que, después de todo, se trata de una crítica a ciertas tradiciones de la investigación de la cultura, pero eso no lleva a una reformulación del concepto sino a un acotamiento, cuando más, de su relevancia en el análisis de la condición global, de las múltiples conexiones y de los procesos de hacer lugar actuales. ¿Qué es entonces la cultura? ¿Este argumento implica de alguna manera una redefinición de la cultura como concepto o categoría heurística? ¿Cómo se podría emplear en una perspectiva como la que propones? ¿O podemos prescindir de él? Te pido que revises un párrafo de preguntas que le hice a Jorge Choy, sobre su ensayo, y que me parecen pertinentes para tu argumento también (“Partes de la perspectiva simbólica… ”).
4.      Estimada Jania:
Me agrada el tono crítico de tu texto y lo bien escrito del mismo. Comparto, como habrás notado, algunos de los cuestionamientos que haces de la relación entre cultura-cosmovisión-ritual que señalas y, sobre todo, la noción de núcleo duro como herramienta de análisis no sólo para los grupos no indígenas sino para la propia cultura llamada indígena. La idea misma de una especie de núcleo en las culturas es un postulado que permite ver ciertos aspectos pero que corre el riesgo de convertirse en una forma de entender a las culturas como esencias y de no entender los cambios, los intercambios y las mezclas en toda su profundidad. Pones un énfasis especial en la lengua como el vehículo de entendimiento de la cultura y señalas la imposibilidad de analizar el núcleo duro sin tomar en cuenta la lengua. Comparto también tu idea de que muchas veces es en la ficción literaria del antropólogo en donde se conectan muchos elementos como si hubiera continuidad en ellos (cultura, ritual, cosmovisión, resistencia) cuando incluso los mismos participantes de esa cultura analizada pueden dar múltiples reflexiones y explicaciones de por qué razones o sinrazones desarrollan su vida cotidiana del modo que lo hacen. También la preocupación pro cómo funcionan estas ficciones en escenarios selectivamente identificados por los antropólogos, pero no resultan tan ilustrativos (o incluso son un velo que no permite ver ciertas cosas) en escenarios de modificación clara de ciertos elementos, como el rechazo explícito de la lengua o del ritual, o donde estos aparecen reconfigurados para ser usados en contextos nuevos. Encuentro que más que un ensayo sobre el concepto de cultura tu trabajo nos invita a hacer dos cosas: una es mantener un cuidado más crítico de los conceptos que utilizamos, probando sus ventajas y desventajas en la denominación e identificación de los hechos que pretendemos analizar y explicar; otra es que podemos someter a los textos antropológicos a un análisis de las formas en que se han establecido ciertas certezas sobre los objetos que se pretenden explicar, cuestionando su validez empírica y su congruencia lógica. Creo que ese es justamente el papel de la discusión conceptual. Lo que falta aquí quizá es un tercer paso: la construcción de conceptualizaciones/andamiajes que superen esas limitaciones y permitan dar cuenta mejor de lo que se pretende explicar o comprender. Espero que ese sea tu siguiente paso. Debo decir que me agrada la manera en que algunos como tú, que no vienen de la antropología, han decidido emprender este camino de cuestionamiento de la antropología como una vía de aprendizaje de la disciplina. Te sugiero reflexionar en torno a algunos problemas que yo encuentro como derivados de tu análisis
Primero, me pregunto a veces por qué es que ciertos conceptos o ciertas definiciones muy conocidas (como esta que tú sugieres aquí para cultura/cosmovisión/ritual/resistencia) han sido tan importantes y han dominado el lenguaje antropológico por tantos años. ¿Cuándo iniciaron? ¿Cómo fueron planteadas y cómo han cambiado a lo largo de los años? Esto nos llevaría a un ejercicio que poco se ha hecho aún en la antropología en México y que es el de la historia o sociología del pensamiento antropológico. Te recomiendo leer, si te interesa este tema, a Cynthia Hewett: imágenes del campo. Una manera de hacer la revisión conceptual y proponer conceptos que superen problemas de este tipo es justamente la de la revisión de la historia de ciertas certezas o de ciertos formatos conceptuales.
Segundo, y como consecuencia, un proyecto interesante también sería hacer una reflexión al respecto de la misma definición y auto-representación de la disciplina: ¿la antropología tiene que seguir manejando estas nociones o puede haber formas alternativas de hacer antropología? Es una cuestión interesante que tampoco se ha presentado mucho en la antropología mexicana (la cual, en algunos autores, pretende fundar su identidad justamente en estos formatos discursivos).
Tercero, y como un problema mucho más amplio, sería interesante preguntarnos por los vínculos entre estos discursos y el contexto social en el que fueron apareciendo. No en balde se habla de una relación muy estrecha entre la formación de la nación en México y la formación de la antropología. Sería muy interesante analizar cómo en la producción antropológica se dejan sentir de muchas maneras las inquietudes por producir las esencias y los marcos identitarios que las políticas públicas han ido requiriendo para tratar de dar un orden al mundo social complejo que se ha ido produciendo en la vida de este país (a propósito del centenario y bicentenario). ¿Es esto una ciencia, o es un dispositivo discursivo para la definición de lo nacional, lo étnico, lo que hay que rescatar, lo que genera identidad?
En fin, hay muchas cosas más que derivan de tus reflexiones y que dan para discusiones más amplias y proyectos de investigación que llevarían a una antropología de la antropología.
5.      Estimado Josué:
Interesante ensayo sobre la forma en que las ideas de modernidad y tradición se relacionan con los usos diversos de la idea de cultura. El análisis se enfoca en autores que han trabajado el tema de la formación de las ideas de modernidad y tradición, su relación con la ordenación del mundo y de las relaciones entre el mundo nor-atlántico y el resto, así como de las corrientes de cambio y de resistencia en las diversas formaciones nacionales. Hago aquí algunos comentarios generales.
Primero, sería interesante profundizar en esa historia de los términos, con más detalle sobre las diferencias y consultando directamente las fuentes. Sería muy importante en ese sentido hacer una más pormenorizada distinción entre términos y significados, por ejemplo, de modernidad, civilización, progreso, desarrollo, pues aunque parecen similares quizá contienen diferencias que responden a distintos contextos intelectuales e históricos. Desarrollo, por ejemplo, es mucho más fuertemente utilizado después de la segunda guerra mundial; la palabra modernidad no empezó a usarse en el sentido actual sino hasta la ilustración. Es decir, aunque el argumento general es aceptable (en parte: ¿las ideas de modernidad y tradición aparecen con la conquista del siglo XVI?) quizá hace falta hacer una historia de los conceptos más pormenorizada.
En segundo lugar, la formación de las ciencias sociales y la división del trabajo entre ellas, incluida la antropología, está interrelacionada con la formación de esas ideas, lo que incluye algunas de las definiciones de cultura y civilización. Falta igualmente profundizar en la forma en que la formación de estas ideas se relaciona con la de las anteriores. Tu ensayo me hizo pensar como distintas definiciones de cultura (y de la antropología como empresa científica o como relato), desde la de Tylor que se enlazaba con la idea de civilización y evolución, hasta la más relativista que se vincula con tradiciones específicas, podrían ser parte de la formulación de los mitos de la modernidad y la tradición que tú señalas. Para ello, sin embargo, también hace falta ir a las fuentes, a los autores que formularon las nociones de cultura y civilización, ligados a las ideas de modernidad y tradición.
Un tercer asunto sería el de cómo esas ideas se forman y producen en el contexto de las políticas públicas en Chiapas, pero eso daría para una investigación (como la que te propones hacer, al respecto de los intelectuales indígenas). Será importante que revisemos los debates sobre modernidad/tradición que tendemos en los siguientes cursos, y la forma en que se pueden integrar a tu propio proyecto de investigación.
6.      Estimado Jorge:
Tu narración nos enfrenta a dos cuestiones importantes: para qué debatir en torno a los significados de cultura y qué relevancia tiene eso fuera del ámbito académico (¿culturizar a los sujetos, encerrarlos en categorías fijas?). Encuentras que la categoría cultura no tiene una definición única ni consensada, que conlleva por el contrario una serie de interpretaciones y diferencias que incluso pueden ser contradictorias unas frente a otras. Y dejas abierta la pregunta de si estamos en la vía de hacer una teoría sintética de la cultura a partir de este debate. Después te adentras en una de esas discusiones.
Partes de la perspectiva simbólica de la cultura y postulas, apoyado en algunas discusiones antropológicas, que esta perspectiva lleva a tres problemáticas: cuáles son los símbolos/códigos, qué significado tienen y cómo los entiende y usa la gente. Sugieres entonces poner más atención a la pragmaticidad de la relación entre las personas y los símbolos, a su uso en la acción y, por ello, a entender las condiciones políticas, económicas e históricas que preceden al símbolo/significado. ¿Eso resuelve el problema de la definición de cultura? ¿Eso permite que no se “culturice” a los sujetos? ¿Eso hace más claro el debate para los propios antropólogos? ¿Permite tener una nueva idea de cultura más allá del ámbito académico? Además, en términos empíricos: ¿Las personas sólo hacemos uso pragmático de los símbolos? ¿No hay algo como procesos de significación o de dotación de sentido? ¿y no hay sentidos que preceden a la economía, la política y la historia?
La narración que nos presentas permite recordar estas preocupaciones, ampliamente compartidas, pero nos deja pensando en las salidas a este problema. Seguiremos discutiendo sobre esto en los próximos cursos, pues como bien indicas, no es un problema exclusivo de la noción de cultura. Por lo pronto, te recomiendo revisar los comentarios que hice a Lupita Solís, quien también manifestó una primera preferencia por la perspectiva de Roseberry.

Por: José Luis Escalona Victoria

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