¿Antropología de la identidad o de las distinciones?

1.      Estimada Ángeles:
Me agrada el tono del ensayo, el ejercicio analítico de los autores y la buena redacción. Pero el tema me alude de una manera que me transforma a veces en un monstruo. Así que perdona el tono de algunos comentarios si te parece que son demasiado duros. No eres tú, es el tema.
La identidad como tema da para una revisión de una amplia variedad de perspectivas y éste puede ser el inicio de esa revisión. El plan de empezar por Giménez y Bartolomé es adecuada dado que, según mi punto de vista, reproduce las ideas más típicas y simples que hay sobre la noción de identidad (asimilación a cultura, subjetiva, social, consensuada … pero derivada de la confrontación con los otros).
La identidad representa una serie de problemas para los que no he encontrado ninguna solución satisfactoria en ningún autor de los que conozco (que me imagino son una tremenda minoría en función de todo lo escrito sobre el tema) y de los que te hablo aquí de manera muy general. Uno de los primeros problemas es el de la indistinción entre identidad y cultura. El problema que veo es que se parte de la certeza de que existen culturas como entidades esencialmente diferenciadas. No profundicemos en eso ahora porque nos desvía del tema. El segundo problema es pensar que la identidad colectiva es intrínseca a la cultura, como si no pudieran emerger dos o más identidades de una misma cultura (si se toma a ésta como una especie de sistema de significados interrelacionados y coherentes, o un orden de significación, lo que también puede ser cuestionado). ¿Qué es entonces la cultura que lleva a producir una unidad identitaria colectiva? ¿Los que comparten una “cultura” comparten una identidad colectiva? Francamente me parece que hay pocos elementos para sostener eso, tanto en el sentido individual (como si no pudiera haber múltiples “pertenencias”) como a nivel colectivo (como si no hubiera en la historia suficientes ejemplos de confrontaciones que alegan identidades distintas en pueblos en los que se podría encontrar culturas compartidas).
Otro nivel problemático es postular que la identidad colectiva es producida en la interacción, puesto que niega que su fuente sea entonces la cultura compartida u consensuada. O en todo caso es inconsistente postular ambas cosas sin explicar hasta dónde se articulan. ¿Qué es lo que hace indígenas a los indígenas: su cultura compartida o la confrontación con los no-indígenas? ¿Se mantendría la identidad indígena si alguno de esos elementos no se cumpliera? ¿Soy Mexicano porque comparto cultura o por mi confrontación con los no-mexicanos? Esta pregunta hasta resulta insuficiente puesto que se asume que existe algo claramente delimitable como lo indígena o lo mexicano, tanto a nivel de cultura compartida como en el ámbito de la interacción (lo que también me parece cuestionable).
Lo de las identidades múltiples es otro problema, puesto que además de volverse un galimatías (cercano a un dogma católico que dice que uno es tres y uno al mismo tiempo) y que confunde además identidad con rol social. ¿Estamos hablando realmente de identidad? ¿Y cuando decimos que las identidades se transforman no estamos frente a otro galimatías: si cambia, cambia.? ¿Por qué insistir que hay identidad en lo que cambia? Bartolomé parece apuntar a esta perspectiva justamente. O en su defecto ¿Por qué no decir entonces que no cambia realmente más que las apariencias, los objetos, pero algo que es esencial permanece? ¿No estamos frente al esencialismo nuevamente? ¿No será mejor decir que el verdadero objeto de análisis es la no-identidad de los hechos sociales, su permanente reconstrucción y reinvención como un fenómeno fundamental?
La inclusión de Zárate es afortunada en ese sentido, pues nos recuerda que esas identidades son producidas en contextos específicos de interacción y que no son unívocas sino que consisten en representaciones traslapadas de un mismo hecho, en este caso la “región”. Igual con tus apuntes acerca de lo que tú llamas la situación global y tus notas acerca de Velazco, o la idea de la hibridación en Canclini, sin contar la idea que expones de que lo indígena es un producto de la interacción. Pero según entiendo más que haber una continuidad con Giménez y con Bartolomé lo que se produce en Zárate, Velazco y Canclini es una ruptura en la perspectiva sobre identidad: los primeros postulan la interacción como relevante pero hacen análisis de lo compartido como lo básico; los otros ponen énfasis y análisis en la interacción, y en la manipulación que eso implica de lo compartido (que en todo caso es determinado y no determinante). Incluso Canclini sugiere que no se puede hacer un análisis de las “identidades” desde la perspectiva de las culturas como híbridos ¿No te parece, entonces, que se trata de dos posiciones distintas? Y finalmente, siguiendo esta última perspectiva, ¿no deberíamos hablar mejor de múltiples representaciones y no de identidades? ¿En qué sentido sería lo mismo?
Esto es sólo un conjunto de señalamientos sobre las problemáticas que, desde mi punto de vista, están implícitos en el uso del concepto de identidad, tan aceptado en la jerga antropológica y tan poco analizado con la profundidad que según yo se requiere. Tu ensayo podría ser el inicio de esta tarea que resultaría muy necesaria. Te recomiendo, en especial, profundizar en la comparación entre las posturas para identificar distinciones entre las perspectivas de los diversos autores.

2.      Estimada Claudia:
En tu ensayo tratas la identidad en términos del individuo, pero no como un proceso individual sino social. La identidad individual aparece descrita como una conjunción siempre específica y cambiante de muchas dimensiones sociales, de la socialización y de la interacción con los otros. Sin embargo, de pronto la noción de identidad se está refiriendo en el texto a identidades sociales o colectivas, como cuando hablas de identidad lesbiana. Me parece un salto importante en el argumento que no se alcanza a explicar del todo.
Otro problema es la referencia a Giménez y su idea de que la identidad es la cultura subjetivada ¿cómo se explica entonces la diversidad? ¿cómo se puede hablar de diversas identidades en una misma cultura? ¿No podemos hablar de identidades semejantes –no iguales- entre personas de culturas diferentes? Pero esto es también una trampa, porque supone que existe una cultura como una entidad homogénea, consensuada y claramente delimitada. Implica además una sola forma de relación entre el individuo y la cultura de la sociedad de la que es parte: una continuidad. ¿No hay rupturas, críticas, reelaboraciones más o menos radicales o incluso abandonos del individuo frente a la que debía ser (por no sé qué razón) “su” “cultura”? Me parece que la relación identidad-cultura, y la relación entre esos términos y el individuo es más compleja de la que deriva del argumento de Giménez. Tu argumento muestra en otras partes justamente esto, pero el ensayo no parece identificar estos nudos problemáticos. Por ejemplo, el ensayo se pregunta cómo se construye la identidad de género a partir de cuerpos biológicamente y socialmente construidos ¿No era entonces la subjetivación de la cultura el factor determinante? ¿Por qué entonces preguntar por la cultura? ¿Qué papel juega la cultura en esto? ¿Qué entiendes por cultura de género y “lo culturalmente adjudicado" a su sexo? Y nuevamente, ¿somos sólo expresiones subjetivas de una cultura ya hecha, formada, dada? ¿Cómo entender por un lado el “aprendizaje” de la cultura y por otro los señalamientos de la violencia que implica la formación de lo que llamas las identidades de género –lo que nos regresa a la relación entre cultura e individuo no como continuidad solamente, sino también como ruptura, como violencia o como una relación multivalente?

3.      Estimado Pedro:
Encuentro en tu ensayo una diversidad de formas de entender la identidad. De algún modo eso implica hacer referencia a diversos autores y corrientes. Sin embargo, encuentro que esa revisión hace poco eco a tu propia crítica al concepto, formulada al inicio: la idea de que el concepto de identidad surge como una forma de clasificar y jerarquizar poblaciones en su interacción, aunque la variabilidad, movimiento, cambio, indican más bien que las categorías de clasificación resultan estrechas para entender la complejidad de las poblaciones a las que se aplican. Tu sugerencia de que las identidades son cambiantes y no rígidas, además de ser flexibles, podría ser un camino para resolver esto que percibo como una contradicción. Sin embargo las definiciones a las que recurres parecen no permitir la resolución de la misma. Adicionalmente, las diversas formas de definir la identidad aparecen como si fueran compatibles, sin considerar que entre unas y otras hay también tensiones críticas.
Por ejemplo, sugieres que la identidad tiene como sustento la existencia de ciertas representaciones colectivas, que es lo que le da sentido a la identidad: la referencia a ciertos emblemas o símbolos compartidos. Igualmente sugieres que hay otra serie de elementos compartidos, como un origen o una vestimenta, que pueden servir de fundamento para la identidad común, para el sentimiento de identificación e incluso de solidaridad. No obstante, en algunas partes dices que eso no es necesariamente compartido de manera homogénea, ni está totalmente organizado. ¿Es entonces lo compartido una fuente de identidad o no lo es? Pero más adelante mencionas que se trata más bien de algo que se produce en la interacción con otros, en el reconocimiento y la organización de las relaciones con otros. ¿Son compatibles esos dos criterios? ¿Se puede hablar de identidad con sólo uno de ellos, o son los dos necesarios?  Más adelante incluso llegas a sugerir que la identidad está fundada más bien en símbolos compartidos pero que no necesariamente tienen significados compartidos, incluso que se trata de elementos manipulables y por tanto sujetos a intereses diversos. Me parece que todas estas formas de entender la identidad más que ser acumulativas son posicionamientos diversos en torno a su definición. Así que más que tratar de hacer un catálogo de características sobrepuestas del concepto de identidad sería más interesante contraponer esas definiciones y comparar sus diferencias y el carácter crítico de una sobre otra. Finalmente, si el término identidad refiere a “lo mismo”, por qué no usar otro distinto cuando en realidad nos referimos a un constructo social que es cambiante, no homogéneo, manipulable, no estático y de diversos significados. ¿No es más bien nuestro objeto de reflexión la no-identidad?

4.      Estimada Tatiana:
Tu ensayo nos inserta en el tema de la identidad, de la indianidad específicamente, con una serie de preguntas interesantes que pocas veces aparecen en los estudios del tema. ¿Es relevante clasificar lo específico de una población o grupo, como algo que es propio y los hace distintos esencialmente? ¿Es relevante para la misma gente que se estudia? ¿Es posible llegar a tal núcleo o centro de la diferencia específica? ¿Es un ejercicio propio de la investigación o más bien una extensión de ciertos dispositivos de clasificación institucional como los censos o los padrones de políticas públicas? ¿Por qué mirar esa especificidad en lugar de preguntarnos por las diversidades y los vínculos transversales que generan diversas y contradictorias conexiones del grupo (¿es un grupo?) con otros grupos, personas, instituciones y procesos?
En el caso de la etnicidad ¿no cargamos ya una serie de ideas que la antropología más que revisar reproduce sin cuestionarlas, a pesar de las complejas realidades que el antropólogo enfrenta en su trabajo de investigación? ¿Por qué asimilamos etnicidad a indígenas solamente, y a ciertos indígenas? ¿Por qué usamos una categoría para asimilar diferencias importantes, que las propias personas asumen y elaboran? ¿No es mejor pensar en la etnicidad como una dimensión o elemento de la acción y del discurso de las personas, pero no el único, ni con un único sentido, ni  compartido de la misma manera por todos? ¿La indianidad no es más bien una categoría del discurso, cambiante y debatible siempre, más que un concepto?
Tu sugerencia de analizar los tipos de narrativas (de formas de contarnos y de crear vínculos de pasado y futuro) con que se construye la indianidad daría para hacer una investigación muy interesante, y una forma también de analizar los efectos de la producción antropológica en lugares como México. Sin embargo, sugieres que hay una forma de narrar y de definir lo indio que  puede superar estos límites ¿En qué sentido la nueva indianidad podría romper con esas narrativas, con la tentación de partir de lo indígena como si fuera una cosa definible y no una categoría del discurso? ¿Cómo usar tales categorías sin terminar en la simplificación de la vida social o una sola dimensión de la acción? ¿No sería mejor ir más allá de estas categorías y enfocarnos en las relaciones y dinámicas en las que se produce no sólo el discurso étnico sino la desigualdad y la discriminación? ¿O estamos simplemente frente a un discurso que invierte las posiciones de las categorías y las valoraciones de los componentes de la narrativa, sin cuestionarlos como una forma de simplificación de la vida social y de legitimación de diferencias “esenciales” como base de la desigualdad?

Por: José Luis Escalona Victoria

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