Sobre la etnicidad como categoría y como objeto privilegiado

López Reyes nos acerca a un problema de investigación que implica una revisión, nuevamente, de la etnicidad, como uno de los objetos privilegiados y definitorios de la antropología en México. En este caso se trata de un estudio sobre la formación de los intelectuales indígenas. La propuesta es que más que tomar como punto de partida la lógica misma de los discursos étnicos de los representantes de esta intelectualidad, el investigador se hace preguntas sobre el origen de estos intelectuales y de su discurso. Así, López vuelve a poner énfasis en las conexiones entre instituciones y discursos amplios (iglesias, instituciones de gobierno y académicas) en la formación de este grupo. Schlitter de alguna manera también está haciendo este ejercicio, al preguntarse sobre el origen del discurso social del lekil kuxlejal. Sin embargo, ambas aproximaciones nos muestran que el problema de la suficiencia de la etnicidad como categoría analítica está aún por resolverse.
Schlitter se aproxima a ese proceso de construcción y apropiación del discurso entendiéndolo en parte como una forma de saber popular que efectivamente expresa una forma específica de entender la buena vida, con la cual además asume de entrada un compromiso ético/político. En cambio López nos recuerda que esos discursos de etnicidad son también un resultado histórico y que pueden tener un uso estratégico, en el mismo sentido que propone Cruz al respecto del uso que hacen las iglesias de las ideas de comunidad y de cultura indígena. Ambos además nos recuerdan que lo popular también es producto de la historia de las instituciones y de los discursos dominantes, igual que lo sugerido por Acero al respecto de la llamada “medicina tradicional”. Sobre la “suficiencia” o “autosuficiencia” recomendaría que leyeran un trabajo de Andrew Roth llamado “Sobre la autosuficiencia de una categoría. Etnicidad en México antes y dentro de la globalidad neoliberal” (En Francisco Javier Gómez Carpinteiro edit. Sendas en la globalización. Comprensiones etnográficas sobre poderes y desigualdades. México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, CONACYT, Casa Juan Pablos, 2008). Las preguntas que derivan de esta discusión son: ¿hasta qué punto la etnicidad es autosuficiente como categoría analítica, o como categoría social y política? ¿Qué importancia tiene su uso o manipulación en los debates actuales sobre la religión (Cruz), los intelectuales (López), el territorio (Olhrum), el desarrollo (Guzmán, Olhrum, Schlitter)? ¿Por qué habría que asumir una visión política en favor del discurso étnico en la era de la formación de los estados nacionales y en especial ahora, en este período de globalización neoliberal (ver la introducción de Gómez Carpinteiro al libro referido)?
Serrano nos muestra otra forma de continuar en el tema de la etnicidad. Serrano se aproxima a la identidad de los jóvenes haciendo un distanciamiento previo de la idea de identidad, y explorando un planteamiento en términos de estilos: homologías en el espacio social y generación de estilos similares, siguiendo a Bourdieu). Sin embargo, al hablar de etnicidad la toma como categoría cultural más que social, aunque culturalmente construida, para ser más precisos. Eso implica diversos aspectos: pertenencia, socialización (visión subjetiva del mundo, relaciones y estilo de vida) y fronteras cambiantes de generación en generación. Además, en el caso de los jóvenes urbanos, la etnicidad es también parte de sentidos de subordinación y vulnerabilidad, mostrando como la negación de la identidad étnica se vuelve una estrategia frente a vulnerabilidad y desventaja. Pero: ¿es realmente una negación? ¿Quiere decir que los jóvenes de ciertas características DEBEN tener una identidad – aunque la nieguen? ¿Dónde queda entonces el postulado de la construcción de la identidad y la noción de estilos (que yo pensaba diversos, vinculados con representación pública, con consumo y con interacciones posicionadas, y no un solo estilo unilineal –identidad otra vez? ¿No se puede compartir ciertos elementos de una cultura (¿una?), latentes en los estilos de vida, y tener distintas formas de identificarse –incluso distintas posiciones frente a ser indígena o no? La noción de estilos parecía resolver estos problemas, y hacer salir el análisis de visiones esencialzadoras. Sin embargo, nos queda el problema de cómo aplicar esto también a las categorías étnicas. Al retomar a Gramsci, Verardi también planteaba el problema de manera no lineal, en este caso en la relación entre el trabajo intelectual y las clases. Nos recuerda las reflexiones de Gramsci acerca del arte y de sus múltiples influencias, planteando el problema de cómo los artistas de ciertas clases sociales o de ciertas regiones no se vuelven necesariamente representantes de posiciones políticas regionalistas o de ciertas clases populares y más bien producen emulando formas de expresión extranjeras o de otras clases. Debemos revisar los argumentos también de Appadurai, quien propone que, en el contexto de las múltiples rupturas que genera la globalización (como conexiones, migraciones y comunicaciones más intensas y significativas) es importante atender no sólo los casos extremos de reticencia al cambio y de defensa de las identidades prevalecientes del mundo previo, ni aquellos en que se desarrollan específicamente discursos localistas que demandan la preeminencia histórica, cultural o social de ciertos grupos ligados a ciertos lugares, una especie de geografía de la escencialización (en algunos casos de la violencia). Por el contrario, nos habla también de múltiples acomodos y cambios, y la emergencia de nuevas identidades y nuevas geografías, e incluso del surgimiento de cosmopolitanismos (y no sólo de regionalismos étnicos o nacionales). Desde mi punto de vista, la idea de etnicidad no permite analizar estas relaciones múltiples entre el ser (múltiple en sí mismo, conectado y desvinculado de los demás en formas tan variables que lo convierten sólo en homólogo de otros en ciertos contextos o circunstancias, creando la idea de una clase o grupo intrínsecos) y la llamada consciencia (las formas en que se da vida social a la clase o al grupo, o al individuo igualmente, incluyendo formas más específicas como la etnia o nación, el estado, la comunidad, o en el otro extremo, la identidad individual, la personalidad, la psique, el sujeto jurídico, etc.) en la acción.


José Luis Escalona Victoria

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