Sobre la relevancia del trabajo conceptual

Uno de los temas que atraviesan distintos ensayos es el de la importancia misma de la discusión conceptual. De algún modo este era uno de los objetivos de los cursos: resaltar la importancia de la selección conceptual, una selección argumentada y sometida a constantes revisiones y pruebas. Esta discusión conceptual es fundamental en muchos sentidos, pero sobre todo, de manera más inmediata, lo es para la investigación que se está realizando.
Casi todos los ensayos dedican la revisión y debate en torno a conceptos a partir de sus propios problemas de investigación. Por ejemplo: Serrano se enfoca en la comprensión y pertinencia de la discusión conceptual para ubicar o delimitar conceptualmente su objeto de estudio: jóvenes indígenas urbanos; Rosas revisa las noción de amor y erotismo; Gaitán, las particularidades de la ecología política, etc. Algunos incluso hacen revisiones que contraponen conceptos y visiones teóricas amplias en torno a ciertos temas, como Hernández, que confronta los estudios de género con la dificultad de hacerlos el punto de partida para estudiar el erotismo; Velázquez se pregunta si una perspectiva centrada en el poder no es suficiente para entender las relaciones de género, sugiriendo un regreso a temas de cultura y la interpretación; Olhrum confronta la ecología cultural y la ecología política, analizando la modificación de perspectiva conceptual que implica esa diferencia.




Así, dos formas de hacer la revisión conceptual destacaron en los ensayo. La primera, contrastando los conceptos con problemas específicos de investigación (en torno a cambio, identidad, etnicidad, dominación, subordinación, explotación, capitalismo, ecología, recursos, trabajo, agricultura, fábrica, vida urbana, desarrollo, burocracia, estado, políticas públicas, iglesias, movilidad y migración, erotismo, género, preferencias sexuales, estilos de vida, cuerpo, discurso social, saberes locales) en poblaciones específicas (localidades rurales, ciudades emergentes, barrios urbanos, plantaciones, oficinas; trabajadores, campesinos, niños, jóvenes, mujeres, migrantes, estudiantes, intelectuales, artistas). La segunda forma, en algunos casos, consiste en hacer confrontaciones y comparaciones entre conceptos (cultura, identidad, sociedad, redes, agency, habitus, campo, capital, poder, ideología, hegemonía, cuerpo, género) y perspectivas teóricas (estructuralismo y postestructuralismo, constructivismo, fenomenología, hermeneútica, marxismo, conductismo, entre otras). En ambos casos, pero especialmente en el segundo, lo que se muestra es una amplia variedad de formas de entender y de analizar lo social, reproduciendo en el grupo lo que es el debate conceptual en general: un diálogo formado de intercambios confrontaciones, debates y selecciones, en contextos de problemas de investigación relevantes para cada generación.
Pero también hay otras consecuencias amplias de estas discusiones, que llevan a problemas más amplios de la teoría. Uno lo ilustra, por ejemplo, uno de los problemas planteados por Cruz en su ensayo: ¿Los conceptos pueden entenderse como “realidades” o como “categorías analíticas”? Se trata de un problema epistemológico amplio, pero también tienen consecuencias en la reflexión sobre la relación entre la producción científica y el contexto en que se produce el discurso de las ciencias sociales. Empecemos por el problema epistemológico.




Por un lado, los conceptos pueden ser pensados como representaciones de la realidad. Sin embargo, esa relación es más compleja (a menos que partamos de una visión sustantivista de los conceptos, que toma las cosas como objetos constituidos y finitos y no como procesos y flujos de relaciones e intercambios). El papel fundamental de la conceptualización, sin embargo, no es el de la representación de la realidad (aunque pueda ser una consecuencia del mismo discurso, la cual puede implicar un problema social en sí mismo: la cosificación del conocimiento); por el contrario, el papel fundamental es el de ayudar a plantear problemas que, muchas veces, están escondidos detrás de la forma en que denominamos el mundo social (lo naturalizamos –como si las diferencias sociales fueran evidentes por suponer que existen ciertas bases biológicas, por ejemplo- o lo sobrenaturalizamos –por suponer que las diferenciaciones están basadas en cierto designio divino -¿o superorgánico?). La discusión conceptual permite, entonces, ejercer una de las principales capacidades de la ciencia: ir más allá de las apariencias (apariencias que no son sólo resultado de los objetos, sino de las maneras en que entendemos esos objetos).
Una segunda ventaja del debate conceptual se refiere a otro problema que plantean Schlitter, Val o Gaitán en sus ensayos: la posibilidad de construir críticas frente nociones o conceptos que parecen estar claramente establecidos no sólo en las ciencias sino más allá del ámbito académico: en especial en la política. La crítica del discurso social, como lo llama Schlitter, es parte de estas posibilidades del debate conceptual desarrollado dentro de la investigación. Un tema de interés en este sentido es el del “desarrollo”, para poner un ejemplo que está en la discusión de los ensayos mencionados. Se trata no sólo de una idea con múltiples interpretaciones y aplicaciones, sino que se ha convertido en la fundamentación de distintas políticas públicas y de debates políticos, es decir, un tema del ámbito público con poderosas consecuencias.




Una tercera dimensión de la discusión conceptual es la que tiene que ver con la más amplia producción intelectual. De distintas formas, el trabajo conceptual es también un trabajo intelectual y este puede llevar a la ratificación de certezas y entendimientos espontáneos de las cosas sociales o a cuestionamientos que lleguen más allá de la reflexión académica y política. Los análisis de los intelectuales, como los que realizarán Verardi o López, nos llevan a preguntarnos este tipo de implicaciones del trabajo conceptual: la producción de entendimientos que pueden transferirse a las políticas públicas (en burocracias gubernamentales y no gubernamentales), pero también, desde allí, a la producción literaria o artística en su conjunto. ¿Cómo impacta el trabajo científico como trabajo intelectual, y cómo repercute en la conformación social del contexto más amplio –en la confrontación de clases en el sentido de Gramsci?
De diversas maneras, nuestra reflexión conceptual y debates tienen el potencial de tener repercusiones en esos tres ámbitos. Esta es la práctica de la teoría que es desvalorizada desde otras prácticas (normalmente desde la política, donde hay que dar muchas cosas por sentado la mayoría de las veces), minusvalorando el potencial crítico de la investigación y la conceptualización. Entraré a temas más específicos en las siguientes entradas el blog, mencionando ejemplos de los ensayos, tratando de este modo de mantener nuestro debate.




Saludos




José Luis Escalona

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