Mas sobre lenguajes de poder (y conversación con Larsson).

Sigo con la respuesta a Martin Larsson:
Partimos de una definición del poder, mínima e inicial, referida a relaciones sociales definidas a) por diferencias en la capacidad de producir, reproducir, o transformar sociedad, por tanto, b) socialmente condicionadas por la historia de las relaciones de poder mismas pero, al mismo  tiempo c) pragmáticas e interesadas, c) que se expresan en formas diversas de tensión o conflicto vedado, o en luchas abiertas. Las relaciones pueden ser espontáneas y de corta duración, como en actos de protesta o de represión; pero también pueden ser rutinarias y establecidas en el largo plazo, convertidas en instituciones fundamentales de la sociedad, llegando incluso a la naturalización y la normalización.
Sobre la primera dimensión podemos referir a eso que se llama la política (quizá el término política se refiere mucho más a estos aspectos de la confrontación más o menos abierta y la disputa visible); pero también, están el rumor, el chisme, o la violencia abierta. En el segundo caso podemos referirnos a prácticas institucionalizadas de largo aliento, que generan burocracias, como el salario y la mercancía, (Marx), la cárcel (Pavarini y Melossi), la fábrica (Marx, Gramsci, Pavarini y Melossi), el hospital o el asilo (Goffman, Foucault) o la escuela (Bourdieu). Sin embargo, no son dos esferas de relación e interacción separadas: se trata de dos dimensiones o expresiones de las mismas relaciones de poder y sus contradicciones.

Paralelamente, los Lenguajes de Poder, es decir, los usos específicos de las lenguas (verbales, pero también corporales, gestuales, de signos y señas ... lenguajes en todas sus formas), en contextos de relaciones de poder, son una parte de la acción/interacción y relación de poder. Se refieren a esa parte de la acción que implica la manipulación de:
a) sentidos (relacionados a veces con lo que otros llaman “emociones”, como el respeto, por ejemplo), categorías (como Abuelo, Brujo, Maestro) y clasificaciones (como lo femenino y lo masculino, mayor menor) con muchas cargas de significación y uso pre-construidas;
b) con la finalidad de producir sentidos emergentes a partir de sentidos, categorías y clasificaciones preexistentes -aunque pueden usarse en forma de ironía, metáfora, burla. En ese sentido tiene el mismo contenido que la noción de discurso que maneja Larsson en su tesis de maestría.
c) en una competencia por el sentido emergente, que se produce como parte de los campos de lucha por la producción de la sociedad, es decir, de acción y de relaciones. A todo este proceso es al que llamo Producción Simbólica (ver Política en el Chiapas rural contemporáneo).
Es decir, los Lenguajes de Poder los entiendo como las maneras en que las personas en situaciones concretas utilizan o manipulan los elementos lingüísticos (simbólicos en un sentido más amplio) preexistentes y disponibles para tratar de crear e imponer sentidos y entendimientos emergentes a la acción, y dado que la producción simbólica está mediada por el poder lo que se genera es lucha por los entendimientos. Es por ello, también que los sentidos preexistentes y los emergentes no son unívocos, ni únicos, ni fijos, y contienen siempre contradicciones. Sin embargo, parece que el peso de la historia de las relaciones de poder y sus sentidos, categorías y clasificaciones es más fuerte, y por ello parece que simplemente repetimos (y no que estamos recreando la sociedad).

Agrego algo ahora (25 de agosto de 2013), en reacción a un comentario recibido recientemente en un correo de Martin Larsson: Muchas acciones cotidianas parecen no referirse abiertamente a una lucha o una disputa por los sentidos; simplemente ocurren: servir la mesa, hacer la comida, ir a trabajar, checar la hora de entrada, dormir sobre una cama, ir de vacaciones en período vacacional, etc. Lo relevante en esas prácticas es qué tanto contribuyen o no a reafirmar o cuestionar las relaciones de poder. Es decir, me interesan estas prácticas en tanto repercuten, de manera directa o indirecta, en la reproducción o transformación de las relaciones sociales. No se trata sólo de la intencionalidad puesta por el sujeto en la acción, uno de los componentes de la misma importantísimo, pero no único. Por eso, no todo acto declarado como de rebelión o de dominación es lo que dice ser, ni tiene las consecuencias que dice tener (y por ello mi inclinación por una etnografía de objetos, y no por esa preferencia retórica por los "sujetos" - como si no estuvieran involucrados en relaciones de poder y tuvieran una visión transparente y clara de ellas, generando en cada acto una forma de resistencia - en el sentido de James Scott). El proceso más general es lo interesante: contribuciones explícitas o implícitas, conscientes o no, a la remodelación de la sociedad (del poder). ¿Queda algo fuera? ¿Hay prácticas que no tengan ninguna relevancia en la reproducción de las relaciones de poder? ¿Podemos estar fuera de esa dinámica? ¿Alguien tiene un ejemplo? Si es así, estamos en otra dimensión de lo humano, algo que no puedo abarcar con la perspectiva conceptual que propongo.

De diversas formas, la idea de los lenguajes de poder está inspirada en los trabajos de Claudio Lomnitz, con su noción de cultura de relaciones sociales, referida a su vez a Barthes y los procesos de mitificación y a Marx y su análisis de la fetichización; también en Raymond Williams y sus reflexiones sobre lenguaje y cultura (Marxism and Literature), y de algún modo en las reflexiones sobre cultura de Ward Goodenough (Cultura, lenguaje y sociedad) y de Gramsci sobre la cultura popular (Cuadernos de la Cárcel).

José Luis Escalona Victoria

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