Sobre las violencias

De pronto la historia de las violencias se vuelve a hacer visible, otra vez.
En México no tuvimos esa historia de golpes de estado, dictaduras militares o regímenes fascistas que si vivieron varios países en el siglo XX (y no pienso sólo en América Latina, porque incluso los vivieron España, Portugal, Grecia, Turquía; o los regímenes facsista y nacional socialista en Italia y Alemania, respectivamente, por poner ejemplos que nos saquen de esa idea de lo particular de América Latina). Pero quizá esa era la forma más clara y transparente de la violencia asociada a un aparato político, a veces aparato político-militar.
Esa violencia también la vivimos, por supuesto, en países democráticos en los que a veces los espacios en los que se legisla y se transforma las instituciones no hay cabida para cambios vertiginosos o pujantes, como la expansión de los derechos civiles en los Estados Unidos, la independencia sindical e incluso la formación de partidos de oposición en México, o incluso la protesta estudiantil. A la movilización los regímenes con bandera democrática les respondieron de muchas formas, entre ellas con violencias.
A veces eran sólo reacciones policiacas o de inteligencia militar un poco espontáneas y torpes, pero otras parece que seguían planes para desmovilizar. La diferencia entonces entre una dictadura y un régimen democrático, en esos temas, está en el uso diferenciado de ciertas formas de violencia. Uno usa la cancelación de derechos y el control militar o policiaco de muchos aspectos de la vida de las personas. Otros siguen respetando los derechos, por lo que recurren a otros mecanismos (también presentes en las dictaduras).
Están por ejemplo los espías, tanto pagados o como parte de las mismas policías, o como aquellos espontáneos que por razones de ideología o protección participan de la vigilancia de los otros (recuerden el Macarthismo, por ejemplo). Luego están los planes de infiltración, dobles agentes. Eso pasó en muchos casos de acción policiaca en contra de grupos de opositores que estaban organizando o que "pensaban quizá" organizar acciones contra el régimen en turno.
Las mismas acciones se usan en las manifestaciones, cuando el régimen en turno conisdera que rebasan un límite que ellos mismos imponen (pues en las llamadas democracias siempre hay algún espacio de permisión): enviar a las movilizaciones con espías para identificar cabezas o líderes (para después investigarlos o sujetarlos a procesos más específicos); infiltrar las movilizaciones con grupos de golpeadores vestidos de civil que atacan a los manifestantes (como en México en 1971, y los llamados alcones), o que inician un enfrentamiento con la policía para provocar y justificar el ataque de los guardias contra los que protestan (el batallón olimpia el 2 de octubre del 68, o algunos casos de encapuchados que están ahora atacando edificios públicos, negocios o incluso a la policía, en las marchas que se han dado en México en los últimos años).
Pero esas no son todas las violencias, porque los medios de la violencia no están concentrados sólo en las fuerzas policiacas, judiciales y militares. Ahora, como en otros momentos y lugares, existen diversas corporaciones que manejan negocios legales o ilegales, que contratan o reclutan sus propios cuerpos de seguridad, pequeños pelotones de vigilancia y protección, o grandes ejércitos de control de territorios amplios. Siempre han existido, pero parece que ahora tienen una fuerza muy grande en algunas zonas de México (como también ha pasado en Guatemala, Colombia, El Salvador y otros países), a veces tan grande como para competir y ganar fácilmente a los aparatos gubernamentales, y apoderarse de ellos.
Igualmente tenemos los grupos armados que surgen con objetivos políticos y de transformación social o de revolución, como el caso de las llamadas guerrillas. Algunos grupos tomaron efectivamente el poder, como en Cuba, otros devinieron en fuerzas políticas de distinto alcance, como el sandinismo en Nicaragua, o se volvieron un movimiento con ideas de transformación social en un ámbito local, como el neozapatismo. Pero otros tienen una historia continua, de varias décadas y generaciones ya. Es en la confrontación entre estos grupos y el ejército y la policía en donde han aparecido las historias de guerras sucias: de persecusión y encarcelamiento, pero también de uso de formas de violencia ilegales. El estado de Guerrero en México ha sido también escenario de ese tipo de confrontación de violencias y de guerra sucia.
Estas son apenas unas de las formas de violencia que me hacen pensar los acontecimientos más recientes en México (pero también en Missouri, y en otros lugares en estos días). Es necesario aclarar:
a) No son todas las formas de la violencia. Faltaría más espacio para hacer el catálogo completo e incluir además otras formas mas cotidianas y a veces sutiles de la violencia. La violencia contra las muejeres tiene muchas formas, por ejemplo (comentario en conmemoración HOY del día internacional contra la violencia hacia las mujeres).
b) No están separadas necesariamente. A veces se coaligan unas con otras, o se transforman unas en otras (aunque no es siempre el caso).
c) Muchas veces son formas que muestran los márgenes de las capacidades transformadoras. En realidad, aparecen muchas veces como cancelación de la política, o como su opuesto, como dice Hannan Arendt. Entonces al catálogo de formas de violencia deberíamos agregarle también un catálogo de las formas de la política, de la apertura de espacios públicos y de diálogos (como las marchas mismas o los diversos foros de expresión que han surgido ahora en México con el caso de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos), con sus distintas formas de comunicación y lenguaje, de ingenio para ganar la atención y la reflexión de los observadores, como cambiar de nombre a las calles o hacer combinaciones de arte y protesta.
Quedan muchas cosas por escribir ...
Saludos  

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