Más sobre lenguajes de poder

Una colega me pregunaba hace tiempo sobre ejemplos más concretos de lo que yo llamaba los lenguajes de poder (en mi libro "Política en el Chiapas rural contemporáneo"). Allí mismo, señalaba yo, hay algunos ejemplos, como cuando una persona del pueblo que estudié, un campesino descendiente de antiguos peones de una hacienda o finca agrícola, describía el infierno como una finca. El dueño del infierno era un patrón, y su ayudante era como un capataz, y los que llegaban al infierno se convertían en trabajadores del pukuj o demonio para toda la eternidad. En un cuento publicado por la UNAM (Gómez, Ruz y Palazón: Palabras de nuestro corazón. Mitos, fábulas y cuentos de la narrativa tojolabal) un hombre narra un viaje al infierno y describe que todo allí es al revés: la comida no son frijoles sino garrapatas, el pozol (bebida de maíz con agua) no es de maíz sino de pus de heridas de animales, y la leña para el fuego no es de madera sino de huesos.
Esas narrativas me recordaban otras historias, como las que relata Geschiere (The Modernity of Witchcraft) sobre las ideas sobre la brujería en Camerún, y su articulación con la expansión del dinero, el trabajo asalariado, las mercancías, y las instituciones de estado. Recuerdo un ejemplo revelador: una persona contaba un sueño que tuvo sobre un ataque de brujería, narrando cómo los brujos se llevaban las almas de los hombres, semidesnudos, con las manos atadas a la espalda y caminando por una vereda hacia las montañas. Geschiere se pregunta si el sueño no contiene también memorias de la captura de esclavos. Las narraciones sobre le diablo, el infierno, la brujería, sirven poderosamente para representar entonces las formas de sujeción y de explotación del trabajo, como lo muestran otros ejemplos (Taussig en Sudamérica, por ejemplo). Y el ejemplo extremo es la narración que habla del consumo de la vida humana, como una especie de canibalismo simbólico que representa otros canibalismos (esclavitud, explotación laboral, sometimientos corporales múltiples).
Ayer volví a ver la película Cloud Atlas, donde se entrelazan diferentes historias de tiempos distintos, para mostrar cómo las acciones y decisiones de un momento van dejando huella en las configuraciones históricas sucesivas. Pero además, mostraba otra faceta de lo que llamo los lenguajes de poder: el renacimiento permanente de formas de consumo de la fuerza humana. Me recordó también el libro de Seth Grahame-Smith: Abraham Lincoln, Vampire Hunter. La idea de que Lincoln (esta figura literaria) luchó contra el esclavismo por luchar contra vampiros que sobrevivían en el sur de los Estados Unidos gracias al tráfico humano, me pareció un ejemplo más de este uso de los lenguajes del poder para explicar las relaciones de poder.
Quiero ver la película de Lincoln......
 

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